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Simplicidad del lenguaje: economía de las palabras

contenidoMuchas veces escuchamos decir que “La gente no lee” o incluso que nadie le dedica más de unos segundos a los videos que circulan en las redes. Esto nos hace pensar, ¿por qué la gente se expone durante tan poco tiempo a los contenidos? Y la respuesta la encontramos enseguida en la vida cotidiana.

¿Cuántas veces los contestadores automáticos nos hacen perder valiosos minutos con explicaciones mal formuladas, reiterativas y extensas sin ningún sentido? Algunas clásicas son:

 

 

  • “Al finalizar esta llamada usted será derivado a nuestra encuesta telefónica para poder medir el grado de satisfacción con nuestro servicio….” y bla, bla, bla… ¿Por qué no un simple “Lo invitamos a contestar la siguiente encuesta de satisfacción”?
  • “Esta comunicación está siendo grabada”. ¿Es realmente necesario seguir advirtiendo esto? Seguramente ya todos lo sabemos, no es una llamada personal, es un contacto de asistencia telefónica.
  • “Gracias por comunicarse con…”. ¿Es realmente necesaria esta bienvenida?, ¿No podemos ahorrar segundos de llamada o sumar un mensaje que sirva realmente al cliente que se contacta?
  • “Nuestra empresa ha sido elegida como una de las mejores…”. ¿Por qué utilizar tiempos compuestos si se puede conjugar de una forma más simple, directa y cercana, ahorrando palabras: “Somos una de las mejores empresas de…” o “Nos seleccionaron como la mejor empresa de…”, etc.
  • “Somos una empresa líder en…”. Las frases hechas, tantas veces escuchadas y leídas no aportan demasiado y demandan tiempo. En su lugar, ¿por qué no elegir algún diferencial que realmente impacte, o una palabra fuera de lo común que rápidamente se gane un lugar en la mente de nuestro destinatario?

Si algo se puede decir en dos palabras ¿por qué utilizar cuatro? En vez de “Usted se ha comunicado”, ¿por qué no “te comunicaste” o “se comunicó”? Simple, directo, concreto, son las claves para ahorrar TIEMPO, el bien más preciado de todos nuestros destinatarios.

El problema no está en las personas (que sí, por supuesto, siempre estamos “apuradas”), el problema está en los contenidos, textuales o audiovisuales, que tienen el enorme desafío de superar esa “prisa cotidiana” y captar la atención. Usando económica y creativamente las palabras podemos lograrlo.

Menos es más, y cuanto más simple es el lenguaje, mayor será su impacto.

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